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Roly Berrio chaman con guitarra

Roly Berrío, chamán con guitarra

Por: Roberto Reyes (24 de diciembre de 2010)

Cuando todos lo esperábamos sobre el escenario, su voz nos sorprendió desde la última fila de butacas de la platea. Era un canto límpido, enérgico, electrizante. No había violines, ni guitarra, ni batería. Solo la voz de un negro alto, de cabellera hirsuta, ojos pequeños y gestos nerviosos. La melodía de la canción irrumpía en nuestros oídos y nos dejaba atónitos, al mismo tiempo que alegres y maravillados. Mientras tanto, el cantor subió al escenario, se abrieron las cortinas, y ya frente al micrófono emitió varios sonidos agudos que moduló a su antojo. El teatro estalló en aplausos.

Roly Berrío

Así comenzó el concierto que ofreció Roly Berrío el pasado miércoles 22 de diciembre en el teatro La Caridad de Santa Clara, en el centro de Cuba. El trovador estuvo acompañado por una agrupación que varió su formato según lo requería cada pieza. Unas veces lo vimos rodeado por nueve músicos —violines, flauta, bajo, guitarra eléctrica, contrabajo, batería, percusión menor—, otras por tres instrumentistas y, en ocasiones, solamente se auxilió de la guitarra.

Los diversos formatos le permitieron al trovador recorrer géneros y tendencias tan diversos como la timba, el rock o la trova. Y aunque semejante mixtura puede parecer caótica, Roly Berrío la colmó de coherencia. Entraba y salía de los más diversos ritmos y melodías con ingenio, o mejor, con elegancia. Fueron noventa minutos de éxtasis: apoteosis de aplausos, gritos y risas. Sobre todo risas.

Sin embargo, los instantes más hermosos que tuvo el concierto fueron aquellos en los que el teatro permaneció en silencio al terminar de cantar el trovador. Nada de risas, ni palmadas, ni chiflidos. Como si cualquier sonido pudiera interpretarse como una blasfemia. Tan solo pasados varios segundos se escuchaba un aplauso acompasado, sin excesos. Así sucedió en dos o tres ocasiones, en especial con esa joya que Roly nombró ¿Toca morir?.

Al salir del teatro comenté a unos amigos que hay cantantes que no es posible encerrar en un disco. No digo que no puedan entrar a un estudio de grabaciones, someterse a las órdenes de un productor musical y publicar un álbum. Pero es imposible llevar todo su canto ardiente a los fríos surcos de un fonograma. No fue posible hacerlo con Elena Burque y Bola de Nieve, y no sucederá con Roly Berrío.

A este trovador hay que escucharlo, más bien disfrutarlo, «en vivo». El puñado de sentimientos que lleva dentro solo «estalla» frente al público. Es entonces cuando se transforma en chamán, ese individuo a quien se le atribuye la capacidad de corregir los errores de la comunidad a la que pertenece y es capaz de restaurar la armonía entre el hombre, su mundo espiritual y el mundo físico. De modo que Roly —chamán trovadoresco—, en los finales de 2010, nos regaló a todos un acto de purificación.

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Roly Berrío - En vivo:

  1. Si tú no me das un beso
  2. La jicotea
  3. Antes de la lluvia
  4. Haz
  5. La cucaracha
  6. El decano se llevó a mi jevita





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