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Ariel Barreiros majestuosidad de un guardavias

Ariel Barreiros: majestuosidad de un guardavías

Por: Roberto Reyes (19 de agosto de 2013)

No hay canciones perfectas. Semejante calificativo nunca debe utilizarse para hablar de una canción. O tal vez sí. Porque sucede que en ocasiones escuchamos una pieza que nos estremece, o nos paraliza —da igual—, y sin pensarlo dos veces la calificamos de perfecta.

Ariel Barreiros

Ariel Barreiros es el creador de La canción del guardavías.
Foto: www.facebook.com

Fue lo que hice cuando escuché por primera vez La canción del guardavías, del trovador Ariel Barreiros. Y es lo que sigo haciendo cada vez que me entrego al placer de «degustarla».

No obstante, en las líneas que siguen voy a apelar a mi lado racional. Intentaré recorrer el texto de la pieza para desvelar sus secretos, y desmontar su urdimbre. Procuraré apartar las emociones.

La canción del guardavías es una pieza recorrida por el desamor y la añoranza. Los fantasmas de esos sentimientos, convertidos en una especie de hidra que devora al cantor, aparecen desde los primeros versos:

Cómo me salvo de ti
si el viento no se vira,
si la ciudad no ayuda con tu olor,
si ya es noviembre en toda la ventana
y yo llegando tarde al desamor,

La palabra "acoso" puede describir la esencia de los versos iniciales. Porque el entorno que rodea al cantor —«el viento no se vira», «la ciudad no ayuda», «toda la ventana»— le provoca sensación de asfixia, le hace sentirse acorralado.

Tan intenso es el sentimiento de acoso que el trovador ni siquiera ha reparado en que está a las puertas del desamor —«y yo llegando tarde al desamor». Quizás por eso en los versos siguientes Ariel Barreiros reconoce que el recuerdo de esa relación amorosa lo atenaza:

si a mí me dio por ser tu cáliz y tu país,
tu bolero, tu salmo, tu equipaje,
si a mí me dio por ti
desnuda hasta la miel
y a ti por lejos, lejos, imbesable.

El trovador no puede —ni quiere— evitar las comparaciones. Y mientras le recuerda a su amada que por ella él fue capaz de convertirse en todo lo imaginable —«cáliz», «país», «bolero», «salmo», «equipaje»—, y que la prefería «desnuda hasta la miel», al mismo tiempo le reprocha que haya elegido estar «lejos, lejos, imbesable».

Y pocas combinaciones de vocablos remiten a una distancia tan dolorosamente insondable como la que sugiere la repetición del adverbio «lejos» junto a la palabra «imbesable», creada certeramente por Barreiros.

Después de tales confesiones el trovador decide tomar aliento con un estribillo que le sirve de carta de presentación:

Yo soy el guardavías de tu corazón,
yo soy el hombrecito de nada,
yo soy el preso bueno que se acostumbró
y estoy desempleado de tu espalda.

Una vez terminado el estribillo el cantautor nos tiende una trampa. Abandona las evocaciones y describe el ambiente que lo rodea con una imprevista profusión de verbos:

Alivia,
desenreda,
luce,
desata,
tiembla,
salta,
se mece,
cruza el temporal.
Sabe cómo llover,
sabe cuándo escampar,
pero no volverá mañana.

Verbos que sugieren acción o movimiento —«desenreda», «desata», «tiembla», «salta», «mece»— se mezclan con otros que denotan estados o procesos —«alivia», «luce». Así Ariel Barreiros nos hace sentir la vorágine del «temporal» que lo rodea.

Y uno llega a intuir que «el temporal» es una metáfora de la amada, que «sabe cómo llover, sabe cuándo escampar, pero no volverá mañana». Son versos de los que emanan impotencia y rabia —solapadas, es cierto, pero impotencia y rabia al fin y al cabo.

Mas llegado a este punto el cantautor se da cuenta de que se ha mostrado demasiado vulnerable, de que necesita limpiar su imagen para hacer creer que es un tipo duro, y se apura en hacer una aclaración:

Y no es por mí
que a mí me queda invierno pa' olvidar,
calafatearme el pecho y sonreír,
buscarme una nostalgia más linda.
Puedo si el día levanta hasta soñar,
pero al pobre portal quien se lo explica,
si soy el guardavías de tu corazón,
si soy el hombrecito de nada,
si soy el preso bueno que se acostumbró
y estoy desempleado de tu espalda.

Para justificar su reclamo el trovador culpa al portal —«pero al pobre portal quien se lo explica». Y no podemos evitar sonreírnos. Porque su intento de ocultar los sentimientos es inútil, y el verso «estoy desempleado de tu espalda» lo delata.

Entonces se rinde a la evidencia: decide declarar a voz en cuello lo que siente. Y es cuando la canción se desboca, y el cantautor se lanza al abismo:

Y hace escalera larga
y hace soledad,
y hace pan viejo y frío,
y animal sin dueño,
y hace beso pequeño
malgastado en cristal,
y me haces una falta sin remedio.

Yo soy el guardavías de tu corazón,
yo soy el hombrecito de nada,
yo soy el preso bueno que se acostumbró
y estoy desempleado de tu espalda.

Cómo me salvo de ti,
cómo me escapo.
Cómo me salvo de ti.

Solo seis palabras le han bastado al trovador para resumir lo que siente: «me haces una falta sin remedio». Desde el inicio de la canción la frase estaba entre líneas, pero Ariel la evitaba con artilugios: que si «el viento no se vira», que si «el temporal», que si «el pobre portal». Hasta que le resultó imposible evitar la catarsis y estalló.

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No puedo negar que me regodeo escuchando la pieza. Me resultan sumamente sugestivas sus imágenes. Y me cautiva la manera en la que el cantautor hace trizas el idioma —¿o debiera decir lo realza?— con construcciones como «a mí me dio por ti», «hace escalera larga», y «hace beso pequeño malgastado en cristal».

No digo que La canción del guardavías sea una pieza perfecta. Sé que semejante calificativo nunca debe utilizarse para hablar de una canción. Pero me permito llamarla majestuosa.

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Texto de La canción del guardavías

Cómo me salvo de ti
si el viento no se vira,
si la ciudad no ayuda con tu olor,
si ya es noviembre en toda la ventana
y yo llegando tarde al desamor,
si a mí me dio por ser tu cáliz y tu país,
tu bolero, tu salmo, tu equipaje,
si a mí me dio por ti
desnuda hasta la miel
y a ti por lejos, lejos, imbesable.

Yo soy el guardavías de tu corazón,
yo soy el hombrecito de nada,
yo soy el preso bueno que se acostumbró
y estoy desempleado de tu espalda.

Alivia,
desenreda,
luce,
desata,
tiembla,
salta,
se mece,
cruza el temporal.
Sabe cómo llover,
sabe cuándo escampar,
pero no volverá mañana.

Y no es por mí
que a mí me queda invierno pa' olvidar,
calafatearme el pecho y sonreír,
buscarme una nostalgia más linda.
Puedo si el día levanta hasta soñar,
pero al pobre portal quien se lo explica,
si soy el guardavías de tu corazón,
si soy el hombrecito de nada,
si soy el preso bueno que se acostumbró
y estoy desempleado de tu espalda.

Y hace escalera larga
y hace soledad,
y hace pan viejo y frío,
y animal sin dueño,
y hace beso pequeño
malgastado en cristal,
y me haces una falta sin remedio.

Yo soy el guardavías de tu corazón,
yo soy el hombrecito de nada,
yo soy el preso bueno que se acostumbró
y estoy desempleado de tu espalda.

Cómo me salvo de ti,
cómo me escapo.
Cómo me salvo de ti.






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