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Denunciar los males de la sociedad en las canciones de que sirve

Denunciar los males de la sociedad en las canciones, ¿de qué sirve?

Por: Roberto Reyes (24 de febrero de 2015)

A veces surge la pregunta después de escuchar durante algún tiempo ciertas canciones. Es como si la atmósfera se cargara de una extraña mezcla de escepticismo e impotencia.

Denunciar los males en las canciones

Denunciar los males de la sociedad en las canciones.

Afortunadamente, son rachas de depresión que desaparecen con la misma celeridad con que llegan. Y volvemos a caer en la cuenta de que necesitamos cantos incisivos y cuestionadores.

No obstante, la interrogante se mantiene latente. Sobrevive agazapada en algún rincón del espíritu. Porque, a fin de cuentas, ¿de qué sirve denunciar los males de la sociedad en las canciones?

"De nada. Es decir, de nada como función social; como acto individual es una catarsis, más o menos, o un compromiso ético muy personal", declara a Trastienda musical el escritor y crítico Humberto Manduley.

El autor de los libros El rock en Cuba y Hierba Mala: una historia del rock en Cuba es categórico. Según su criterio, es inútil pretender transformar la sociedad a través de las canciones. Aunque como incentivo agrega un elemento nada desdeñable: la catarsis.

De ese modo nos remite al filósofo Aristóteles, quien empleó el vocablo para designar el acto de purificación que produce en los espectadores —y en el propio artista— una representación dramática.

Recordamos, entonces, cómo reacciona el público después de que el intérprete hace una crítica con su canto. Y acuden a la memoria gritos, aplausos y chiflidos que, más que gestos de aprobación, son pura catarsis.

Pero el tema de la eficacia de las canciones que señalan las manquedades de la sociedad es polémico. De ahí que a veces los puntos de vista se contrapongan.

"El rock ha sido contestatario desde sus inicios y ha servido a muchas personas, no solo a músicos, para transmitir y denunciar temas sociales", argumenta Eric Domenech, director y vocalista de la banda Blinder.

"Esto ha llevado a que muchas personas interioricen los mensajes; y ha sido una forma más de compartir y definir formas de pensar, sobre todo como un llamado a la conciencia".

Los males de la sociedad se repiten, las canciones que los denuncian también. Creo que aporta equilibrio y es sano para el alma que cada cosa en la vida tenga su contraparte, siempre aportando al abanico de opciones de cada cual —David D Omni

El músico cree en el poder movilizador de su canto. Tanto es así que sentencia: "La música es un arte que ha sido muy importante a la hora de convocar a las masas".

Mientras unos consideran que interpretar canciones cuestionadoras es un acto infructuoso, otros lo califican de eficaz. Son dos posturas situadas en extremos opuestos, entre los que encontramos decenas de criterios con interesantes matices.

"Los males de la sociedad se repiten, las canciones que los denuncian también. Creo que aporta equilibrio y es sano para el alma que cada cosa en la vida tenga su contraparte, siempre aportando al abanico de opciones de cada cual", apunta el cantante, actor y artista de la plástica David D Omni.

Entre tantas apreciaciones diversas, cada una con su cuota de razón, Trastienda musical se adhiere a quienes argumentan que los cantos pueden perturbar la realidad, incluso dinamitarla. Y no se trata de una elección caprichosa o deudora del «realismo socialista».

Se trata de que el arte transforma la sociedad… pero a largo plazo.

Quizás debiéramos buscar en el presente las primeras señales de los venideros cambios. Debiéramos escudriñar a nuestro alrededor dónde están las grietas, los signos de fragilidad, los guiños que nos hace el futuro.

En el caso de las canciones cuestionadoras una de las señales que evidencian su efectividad es la censura. Porque el escozor que provocan ciertos textos en quienes son criticados les delata.

Cuando uno de los personajes aludidos, o uno de sus acólitos, en vez de cruzar los brazos y reírse de las críticas, prohibe la difusión de las obras polémicas, muy a su pesar demuestra inconfesados temores y saca a flote su vulnerabilidad.

Y no es que una canción —o cualquier otra obra de arte— sea una panacea capaz de remediar los males de la sociedad, pero ciertamente es uno de los resortes de que se valen los seres humanos para mejorar su entorno. Sobre todo porque el arte tiene un carácter herético, y transgredir e intranquilizar son verbos que suelen acompañar a los mejores artistas.

Recuerdo que en una pieza hilarante y demoledora Boris Larramendi pone en duda la efectividad de las críticas que hace al cantar y termina diciendo que "aunque no resuelva nada / mira el gustico que da".

Sin embargo, más allá del "gustico", nos damos cuenta de que la vida se mueve, los muros se caen, las puertas se abren, las estatuas se desploman, el oxígeno se reparte entre todos. Y no es producto de la casualidad, es resultado de cientos de minúsculas acciones.

Por eso las canciones que denuncian los males de la sociedad son inútiles solo en apariencia. Sus efectos no son inmediatos. Quizás sea que se asemejan a los fármacos de acción lenta o, mejor aún, a las bombas de tiempo.






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