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Carlos Varela y Aldo Lopez Gavilan en Santa Clara

Carlos Varela y Aldo López-Gavilán, en Santa Clara

Por: Roberto Reyes (6 de febrero de 2013)

Los «inquisidores» —como Carlos Varela nombra, en una canción, a quienes han intentado doblegarle— deben de estar por estos días más malhumorados y rabiosos que de costumbre. Y no es para menos. Con una serie de conciertos por varias ciudades del país, el autor de El leñador sin bosque está celebrando 3 décadas de vida artística.

Aldo López-Gavilán y Carlos Varela

Carlos Varela y Aldo López-Gavilán se presentaron en el teatro La Caridad, de Santa Clara. Foto: Carolina Vilches

Después de presentarse en la sala Avellaneda del capitalino Teatro Nacional de Cuba —junto a figuras como el roquero norteamericano Jackson Browne, el cantautor brasileño Ivan Lins, el cantante puertorriqueño Eduardo Cabra de Calle 13, Juan y Samuel Formell de Los Van Van, José Luis Cortés, Giraldo Piloto, Isaac Delgado, X Alfonso y Diana Fuentes—, Varela inició un recorrido por algunas ciudades del archipiélago. Y este lunes 4 de febrero se presentó en el teatro La Caridad, de Santa Clara.

Cientos de seguidores del trovador no pudieron entrar al vetusto coliseo. Y es que el recinto, a pesar de ser el más hermoso de la ciudad, resulta demasiado pequeño cuando se trata de homenajear a personalidades que atraen mucho público.

Al aparecer Carlos Varela en el escenario se escuchó una ovación de bienvenida que el cantor agradeció con un gesto y un ¡gracias Santa Clara! Inmediatamente se oyeron los primeros acordes de la pieza Como los peces, y un coro gigante acompañó al juglar. A partir de entonces se desató la magia.

Después de regalar el estremecedor símil que compara a los cubanos con ciertos habitantes de los mares, el trovador declaró que por vivir «en los tiempos del cólera» tiene que aplazar para otro momento el abarcador recorrido que había soñado realizar por la nación.

Y aunque en sus palabras se percibía optimismo, inmediatamente interpretó una canción que le desmintió. Porque Nubes es un canto cargado de escepticismo. O tal vez no. Es difícil de precisar. Sobre todo porque el solo de piano que ofreció Aldo López-Gavilán en el intermedio de la pieza emitía destellos de vitalidad.

El estreno de la noche fue El árbol de los pájaros dormidos, canción que el trovador dedicó al pueblo de Cuba y que aparecerá en su próximo álbum. A juzgar por el texto, Carlos Varela sigue aferrado a sus obsesiones: la desilusión, la censura, los sueños.

El cantor recordó cómo una frase de Bob Dylan le hizo componer Muros y puertas, pieza que dedicó a los trovadores de la peña La Trovuntivitis —que tiene lugar todos los jueves en el centro cultural El Mejunje, de Santa Clara.

Con la canción Siete el cantautor le rindió homenaje a su madre. Y como sucedió con casi todos los temas precedentes, el auditorio cantó y vibró. Parecía que el ímpetu y la exaltación no iban a terminar. Sin embargo, la atmósfera cambió cuando sonaron los acordes de El blues del boxeador.

La historia del deportista que devino en alcohólico, y que era «acosado» por el olvido y la soledad, sobrecogió al auditorio. La armonía y el ritmo del legendario género estadounidense, recreados por Carlos Varela y su grupo, condujeron al público a una especie de éxtasis. Sin dudas, fue de los momentos cumbre de la noche.

Después llegaron temas como Una palabra, Memorias —que obsequió a las madres de Santa Clara—, Foto de familia —que dedicó a Issac Delgado—, y De vuelta a casa —homenaje a la desaparecida actriz Adria Santana.

Y como la algarabía y la euforia no son los únicos alimentos del espíritu, le llegó el turno a Aldo López-Gavilán.

El joven pianista hizo gala de virtuosismo al interpretar las piezas De princesas, castillos y puntos suspensivos, Green sky y Maracuyá. La interpretación se enriqueció con el acompañamiento de Julio César González, en el bajo, David Suárez, en la batería, y Roberto Gómez, en la guitarra.

En 2013 López-Gavilán, quien desde hace un año es director y arreglista musical del grupo acompañante de Carlos Varela, está celebrando 3 lustros de vida artística.

Cuando el trovador regresó al escenario, el auditorio sabía que eran los últimos minutos del concierto y que era necesario saciarse de la música del cantor para compensar el ambiente sonoro agresivo que pulula en las calles.

De ahí que Colgando del cielo, El leñador sin bosque, Como un ángel y 25 mil mentiras sobre la verdad fueron coreadas casi a gritos. Más que cantar, parecía que el público hacía un acto de exorcismo.

Fue una velada en la que la trova se nutrió de un rock potente y sin edulcorantes que no desdeñó elementos del jazz y el pop. Fueron poco más de dos horas con canciones que mostraron un país que otea ansioso el horizonte.

Como un gesto de reverencia hacia el trovador, el Centro Provincial de la Música Rafael Prats, de Villa Clara, le entregó un reconocimiento por las 3 décadas de vida artística.

Y al filo de la medianoche, los «inquisidores» —malhumorados y rabiosos como de costumbre— se preguntaban por qué las personas abandonaban el teatro con los rostros satisfechos, como si regresaran de un baño de luz.






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