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Rock y trova con gozadera

Rock y trova con gozadera

Por: Roberto Reyes (16 de mayo de 2011)

En los primeros años de este siglo se ha consolidado en el archipiélago cubano un fenómeno que ya se manifestaba a finales de la pasada centuria: la presencia de la «gozadera» en los conciertos y peñas que tienen como protagonistas a trovadores y bandas de rock.

Concierto de rock

El diccionario de la Real Academia Española asegura que en Cuba se denomina «gozadera» a una "fiesta bulliciosa con bebida y baile". La definición no está errada, pero en el lenguaje coloquial también se emplea el término para describir el estado de exacerbada alegría que muestra un grupo de personas aunque no haya ingerido bebidas. Y ésta es la acepción que en este momento interesa.

Muchos de los conciertos en los que se presentan bandas de rock se han convertido en espacios que son utilizados —sobre todo por los jóvenes— para hacer vida social y bailar. Mientras una agrupación pone todo su empeño en tocar con profesionalidad, una parte del público le da la espalda —literalmente— para conversar, bromear y sonreír. Solo las piezas enérgicas, que incitan al movimiento rítmico del cuerpo o la cabeza, provocan la atención mayoritaria de los asistentes. Y como los músicos desean tener éxito en sus presentaciones, se va creando un círculo vicioso en el que los artistas solo ofrecen las propuestas que hacen «mover».

Por el mismo camino transitan muchas peñas trovadorescas. Las canciones reposadas e intimistas han sido desplazadas por las piezas cargadas de energía y fuerza. Los cantautores prefieren coquetear con el pop-rock, la guaracha, el son o cualquier otro género que privilegie el ritmo. A veces no es una elección totalmente consciente, pero es evidente que les preocupa la poca atención que se les presta en las peñas cuando interpretan canciones sosegadas.

Ciertamente, ninguna actitud es gratuita y —como afirman algunos expertos— el público está respondiendo a una dinámica impuesta por los medios de comunicación en todo el planeta. Son tiempos en los que las imágenes andan a prisa, las estrellas de la canción agitan sus cuerpos con frenesí y los clubes nocturnos enajenan con propuestas cargadas de ritmo. Y acabo de mencionar el verbo preciso: enajenar.

Vivimos en un mundo que sufre el síndrome de la enajenación. El uso de la razón o de los sentidos es considerado obsoleto. Para decirlo a lo cubano: el planeta está enfermo de «gozadera». De ahí que un trovador como Leonardo García o una banda como Anima Mundi no sean tan bien acogidos en peñas y conciertos.

Pero el equilibrio alguna vez debe imponerse. Siempre serán necesarias —como afirma la filosofía oriental— dualidades como sonido/silencio, movimiento/quietud y cuerpo/mente. O para expresarlo con los extremos que esta vez nos (pre)ocupan: gozadera/placidez.






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