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Canciones contra mordazas

Canciones contra mordazas

Por: Roberto Reyes (8 de julio de 2013)

"...¡la mordaza que se pone en la boca ajena
se vuelve esposas para las propias manos!"José Martí

Un profesor advierte a su discípulo que no le contradiga; un padre obliga al hijo a obedecer sin replicar; un dirigente amenaza a quien expresa criterios contrarios a los suyos. Son las «mordazas» que obligan a guardar silencio y ningunean a los seres humanos.

Santiago Feliú

Santiago Feliú es el autor de la pieza Rocanrolito de Fulanito y Menganito. Foto: Tomada de internet

Cuando estas acciones se hacen habituales proliferan la simulación y la doble moral, se multiplica la falsa unanimidad, y estallan las canciones.

(...)
La mentira envenenada
que predica el fanatismo.
El no se puede, habla bajito,
que me metes en un lío.
(...)

El fragmento pertenece a la pieza ¿Cambiará?, en la que X Alfonso denuncia algunos de los problemas que agobian a los cubanos. Entre ellos el cantor menciona "el no se puede, habla bajito, que me metes en un lío", expresiones populares que evidencian cuánta presión se ejerce contra quien se atreve a disentir.

El mismo fenómeno es descrito por el trovador Santiago Feliú en la canción Rocanrolito de Fulanito y Menganito:

(...)
Que en el desespero sólo crece el error,
que hay que hacerle el jueguito a la dirección,
que si eres sincero, lo seas a media voz,
no vaya a ser que algún cretino diga que uno es contrarrevolucionario.
(...)

Feliú no oculta la molestia que le provocan las «mordazas» y con ironía recomienda que "si eres sincero, lo seas a media voz". Incluso califica de cretino a quien además de rechazar las opiniones divergentes se complace en alimentar suspicacias.

Y es curioso que con frecuencia a quienes les gusta «poner mordazas» también les place colocar «camisas de fuerza». Por esta razón, en algunas canciones las críticas se concentran en un solo personaje que actúa de ambos modos.

¿Qué me miras?
¿Por qué me frenas?
¿Cuánto ganas con mis penas?
¿Qué me miras?
¿Por qué me pegas?
¿Cuánto ganas con mis penas?

Hace mucho que te veo por acá
maltratándome
queriéndome anular
con tu rostro en odio
con tu mal hablar
presiento en cada esquina
el pérfido pesar
(...)

La pregunta «¿Por qué me frenas?» es definitoria en la pieza Problema, de la banda Tesis de Menta, porque el verbo «frenar» puede significar «hacer callar» y también «impedir actuar».

De esta manera la interrogante se dirige, al mismo tiempo, a quien obliga a mantener silencio y a quien coarta la libertad de acción. Sin embargo, lo que parece «un disparo a dos blancos diferentes» no es tal, porque —como ya he comentado— suele suceder que una misma persona es responsable de ambos atropellos.

Quizás por eso en la canción Como me hicieron a mí Carlos Varela asume las «mordazas», las «camisas de fuerza» y las «vendas en los ojos» como elementos inseparables:

(...)
Te contarán la historia
Y cuando pase el tiempo,
Te vendarán los ojos
Igual que me hicieron a mí.

Te enseñarán el hacha
Y cuando pase el tiempo
Te esconderán el árbol
Igual que me hicieron a mí.

De nada sirve que sepas la verdad,
Que tengas la razón
Si cuando gritas sabes que
Ya no te escuchan.

(...)
Dirán que todo es tuyo
Y si intentas cambiarlo
Te patearán más duro
Igual que me hicieron a mí.

Los senderos del arte son variopintos, y es hermoso que sean así. Necesitamos que sean así. Mientras Carlos Varela se vale de un verbo acre, por momentos irreverente, para describir los absurdos de ciertas actitudes, Ariel Díaz —en la canción Quiero decir— embadurna su reclamo de nobleza:

(...)
Quiero decir
aunque me duela.
Decir en la cama y en las afueras
encima del fin, sobre la escalera.
Donde haya razón o quede sin ella
donde se haga largo el mar.

Quiero decir
aunque no me escuche la oreja
que santifica.

Quiero decir
aunque la mordaza de seda
se justifica.

Palabras de primera necesidad
cuentos de camino por revisar
consigna de no pasarán
por esta frontera.

Seguimos hablando contra la puerta
cerrada por decreto y uso de fuerza
dejando rendija pequeña
para escuchar.

Quiero decir
aunque nos duela.
Decir en la cama y en las afueras
encima del fin, sobre la escalera.
Donde haya razón o quede sin ella
donde se haga largo el mar.
(...)

Un hogar, una fábrica, una escuela, una nación no pueden desarrollarse amordazando o prohibiendo. Tampoco con engaños. Quienes llevan las riendas del poder en cualquiera de estos sitios debieran de incentivar el diálogo, la polémica, el respeto al criterio divergente.

Recordemos que quien coloca una «mordaza» demuestra de manera involuntaria que está poseído por el miedo. Miedo a aceptar que la felicidad puede existir más allá de su dominio, miedo a que su verdad deje de ser absoluta, miedo a que se elija un camino diferente al suyo. Miedo, en fin, a perder las riendas del poder.

Y tantas aprensiones, tantos temores y cerrazones, tanta violencia, terminan destruyendo hogares, fábricas, escuelas, naciones.

Eliminemos, entonces, las barreras que nos impiden hablar. Hagamos que las «mordazas» desaparezcan. Y cuidemos —como nos advierte Gerardo Alfonso en una canción— que en nuestro entorno no suceda Lo más terrible:

(...)
Lo más terrible no es que uno sea sincero
Y que un cordero lo entienda como una traición
Lo más terrible no es el pordiosero, la crisis, la prostitución
Lo más terrible es que todo se caiga teniendo la solución
(...)






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